Viajo para buscar historias, pero casi nunca las encuentro donde el mapa las promete, sino en ese espacio incierto entre avanzar y detenerse. Casi siempre voy en coche, sentada detrás de un conductor al que apenas conozco, mirando el mundo a través del cristal como si fuera una pantalla. Viajar sola me obliga a aceptar esa distancia: muchas veces no puedo parar donde quiero, otras veces es el miedo, la prudencia o el pudor los que frenan antes de que llegue a bajar. Mis fotografías nacen de esa tensión entre el deseo de acercarme y la necesidad de seguir adelante. 
El coche, más que un motivo, es la cápsula desde la que recorro territorios extraños, periferias, bordes de ciudades, geografías donde el riesgo, la desigualdad o la incertidumbre están siempre un poco más cerca de lo que dice el espejo. Desde ese asiento trasero intento entender qué significa ser una mujer que cruza países casi siempre acompañada, pero sintiéndose a menudo sola, calculando paradas, rutas y decisiones que no salen en ningún plano. 
Este libro es ese cuaderno de viaje: fragmentos de mundo vistos desde el coche, en los que el paisaje, los barrios, las personas y los detalles mínimos se mezclan con mis dudas, mis miedos y mi cansancio. Las imágenes hablan hacia afuera; los textos breves que las acompañan son la voz baja de lo que me iba pasando por dentro mientras el coche —y el tiempo— no dejaban de moverse.
Madrid, 2026