La catarsis ecológica del mar de Aral
Antaño el cuarto lago más grande del planeta, el mar de Aral se extendía entre Uzbekistán y Kazajistán. Durante milenios fue alimentado por los ríos Sir Daria y Amu Daria, manteniendo un equilibrio natural entre el aporte de agua y la evaporación. A partir de la década de 1970, las masivas desviaciones de agua destinadas al cultivo intensivo de algodón desencadenaron su rápida desecación. De una superficie histórica de 67.000 km², hoy apenas permanecen unos 6.000 km², mientras que en su lugar ha surgido un desierto salino de casi 30.000 km².
Una región que había prosperado gracias a la pesca, la agricultura y la vida pastoral quedó marcada por el colapso de los medios de subsistencia y por un paisaje transformado, hostil, hecho de polvo y sal. Durante décadas, el impacto permaneció en gran medida invisible para el resto del mundo. Solo con la popularización de las imágenes satelitales a comienzos de los años 2000 la magnitud del desastre se volvió innegable.
Esta serie fotográfica sigue ese territorio y sus cicatrices, atendiendo tanto a la piel del paisaje como a los gestos de la vida cotidiana de quienes aún permanecen allí. No pretende denunciar ni alzar la voz. Propone, más bien, mirar de nuevo: permitir que la fotografía se convierta en un espacio para el tiempo, la reflexión y el encuentro con la fragilidad de la tierra.
Uzbekistán, septiembre de 2021.